Ensayo 2.
I CAPfTTJLO IV
La organizaci6n de la sociedad
El dualismo El lnka La elite cusquena El curaca: senor emico Administraci6n incaica y local L, poblaci6n y la polftica poblacional
CAPfTULO V
Descripci6n del Cusco
CAP!TTJLO V1
L, religi6n incaica
Cosmovisi6n andina CaJendario Las huacas y lo sagrado El culto solar incaico
CAPiTULO VU
Arte y culrura
CAPfTTJLO Vlll
Los incas despues de la invasion espanola
Bibliografla basica
Introducci6n 95 95
100 105 109 112 116 I 123 Celcbres en la h istoria de las civilizaciones, los Andes aJbergaron
numerosas sociedades desde la prehiscoria hasca los inicios dcl si glo XVI, cuando la llegada de los espanoles, en los momentos de
133 la gran expansion geografica europea de esos tiempos, puso fin aJ 133 Tawancinsuyu, llamado desde entonces el imperio de los incas. Estos 140 formaron, asf, parre de la experiencia hisr6rica de la humanidad y, 142 desde los historiadore.s de Indias del siglo XVI, fueron incorporados 143 a la hisroriografla.
Habitaron el espacio andino. A lo largo de la region, entre Co lombia y Chile, la cordillera alcanza cumbres de ocho mil metros;
147 las mayores alturas se encucntran en las rcgiones mas occidcnrales de los Andes, entre Argentina y Chile, pero en aquellas wnas donde las diversas cordilleras se alejan una de otra, crecen los paramos en
159 el norre y la puna en el sur, como mesetas elevadas que configuran un paisaje espedfico de desierros de aJrura. Al oesre de los Andes
169 hay selvas tropicales en Colombia, el Ecuador y el norre del Peru, y luego, hacia el sur, sc extiende desde la cosca peruana hasta el Chile central , un variable desierro cosrero corrado por valles transversaJes, muchos de ellos secos pane del ano. Hada el este de los Andes se halla el excenso cerritorio banado por el rio Amawnas y sus afluentes. En este libro, dedicado a los Incas del Cusco y su tiempo, la presentaci6n
L
INTRODUCCION
del medio ambience andino no es mera cuestion de formula, puesco que la presencia de los Andes dio pautas espedficas a la dimibucion demografica en la region, y origino cambien modos de adaprncion cspedfica de la genre a una naruraleza migmeris en la cual y con la cual vivieron en ella y de c\la. Cuando los espaitoles invadicron los Andes en el siglo XVl hallaron que la region era, a la ve-z., grandiosa y terrible, y fuc generandose con el riempo un escercotipo quc la idenrificada como inh6spita. Cienamemc, los cronistas dcl siglo XVl dejaron restimonio de la fcracidad de los valles inrerandinos, y cambitn hablaron de la bondad de sus temples, pero hicieron nocar al mismo ciempo las diflciles condiciones creadas por las grandcs alruras.
En la decada de 1930, el gc6grafo aleman Carl Troll habia llama do insisrencemcnre la arenci6n sobre la relaci6n que hallaba emre la puna y la alca culrura andina, rcsaltaban alli los cultivos y el pastoreo de altura. Ya los croniscas del siglo XVl -Pedro de Cieza de Le6n por ejemplo-, habfan desracado el hecho que los caminos incaicos - los caminos andinos en general- iban gcneralmence por las par ces alcas miencras que, por el concrario, los espafioles prefcrian las rutas mas bajas que cruzaban los valles. Esra narural preferencia de los curopeos era consccuencia de sus dificulcades de adapcaci6n a las alcuras, y ayud6 a gencrar la imagen de que los Andes eran una cierra inh6spira y dificil. Siguiendo las huellas de Troll, cspecialistas actuales destacaron canto la adapcaci6n de la poblaci6n andina a las -ronas alias -Carlos Monge la estudi6 en el Peru-, como tambien cl provecho que obtuvieron de las mismas; as(, John V. Murra pudo dcsarrollar una propuesca quc des1ac6 la u1ilizaci6n simul1anca de un maximo de pisos o niveles ecol6gicos por las sociedadcs andinas.
Ya en cl siglo XVl, el mencionado Cieza de Lc6n llamaba la acenci6n accrca de las clasificaciones geograficas que incrodudan o aprendian los europeos de emonces en los Andes; el ejemplo que ern ple6 erayungn, cermino que los europeos popularizaron mayormencc
JO
II\ fROOUCCJ6N
como refercntc a la costa, a la cual llamaron asimismo los l/nnos. Cieia comprob6 que el 1ermino era v:ilido para coda zona c.ilida y humeda, hall:irase en la cosca, la serranias o la selva amaz6nica; ccatabasc, asi, de un :\mbiro ecol6gicamentc dclinido y no de un espacio geografico.
A lo largo dd ticmpo los incas adquirieron una imagen hist6rica, iniciada por los croniscas que convirrieron en his1oria los relaros que --con serias dificultades de comunicaci6n-obtuvieron; generalmen te se 1ra1aba de micos y ricuales, a craves de los cualcs la poblaci6n andina se explicaba a si misma. Utilizaron, a la vez, los croniscas, la propia rradici6n europca, hist6rica o mitologica, crasladandola al Nue vo Concinencc, ya los Andes por cierro. De cal manera, los hombres americanos, y los andinos, fueron ccansformados en descendientes de Noe, la geograffa americana se nutri6 de la recordada de los clasicos mediterr:ineos y de los viajeros mcdicvalcs a otros mundos. lncluso los dioses locales fueron idcmificados con las caregodas bfblicas, fuecan de la religi6n hebrea o de la gentiles.
La hisroriografla modcrna no excluy6 criterios tan arbitrarios como aqucllos. En el siglo XIX, los iniciadores de la arqueolog/a pod,an accptar que los incas, como los mayas y los azrecas, habdan formado parec de una antigua r= dmtpn"cida-Ephraim George Squier, por ejcmplo-. yen el siglo XX, un aucor como Louis Baudin alcanz6 fama y popularize una imagen sorinlistt1 de los incas. Muchas vcccs, como en el siglo XVI, la hisroriograHa sobrc las socicdadcs amcrica nas busc6 cxplicarlas con las ca1cgorias propias de la hiscoriografla curopca. As, como Europa habfa logrado una economia-mundo, cstablecfa una hisroria-mundo, generalizando la explicaci6n historica a codas las sociedades.
Esce libro quiere ser una incroducci6n a los incas, ordenando la informacion exisrcnce. Por su naturalcza sc han omit ido las notas, scfialandosc al final una bibliografla de rcxros cl:\sicos de los siglos XVI y XVII, asi como una lisra basica de autores modernos.
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CAPITULO I
Los Andes, su historia y los incas
La hjstoria incaka
Sobre la hisroria del imperio de los incas se han presentado muchas propuestas dcsde que, en cl sig)o XVI, los croniscas cspai\oles inda garon acerca de los gobernantes que Pizarro y su huesre encomraron en los Andes. lnicialmente, los cronisras clasicos arribuyeron a los incas codo el tiempo anterior a la invasion espai\ola, responsabili zandolos de una parce de la consrrucci6n de la organizaci6n social que hallaron y, afirmando incluso, que antes de los incas solo habian
existido «behecrias• o grupos humanos poco organizados. Desde su perspectiva del siglo XYl europeo, los cronistas discutieron a la vez la probable duraci6n del imperio cusqueiio, considerandola a craves de una continuidad hisc6rica de larga duraci6n, como en el caso de los Comentnrios reales de Los !11c11s del Inca Garcilaso de la Vega ( J 609}, o de una rapida y violenta expansion de los incas en los Andes, como sugi riera por ejcmplo Pedro Sarmient0 de Gamboa en su Segunda parte de la din HiJtoria General /lamada Jndica (1572).
Esta djscusi6n sobre la antigiiedad del Tawancinsuyu escaba vin
culada a la juscificaci6n que los propios espai\oles requerfan disponer acerca de su propia conquisra, la cual alcanzaba niveles de juscicia si
C".Al•fn.:l O I
los gobernances del area andina habfan sido usurpadores o «ilegftimos• detencadorcs del poder. Por cllo, en la discusi6n sobrc cl origcn de
los incas y la exrensi6n de sus conquiscas se hallaba en las cr6nicas hispinicas del siglo XVI la presencaci6n de un largo reinado donde los gobernames habian «hercdado• el poder de padres a hijos bajo pauras europeas y civilizado a los hombres andinos, codo lo cual «legidma•
ba• su podcr polftico. En concraposici6n, y segt\n orras propuestas - como la de Sarmiento de Gamboa- , los incas eran ilcgfrimos usurpadores y violencos dominadores quc habfan subyugado a los «senorcs narurales» de la tierra. En esre contexro es diffcil avcriguar la verdad de aquclla hiscoria y cs prcciso indicar algunos elemencos que permitan emender lo que los cronistas recogieron oralmente de
los pobladores andinos de sus tiempos. Los cronisras recogieron rradiciones orales de divcrso tipo, miros y
esccnificaciones riruales mayormcnre, las cuales no csraban ordenadas o procesadas bajo las caregorfas hisc6ricas de la Europa del siglo XVI. Para obrener las informaciones que precisaban sobre la legicimidad del gobierno de los incas, los cronistas indagaron por los reyes antiguos y por sus hechos o conquisras. Trasladaron para ello a la America andina no solo las nociones de «legitimidad• y «hcrencia• existcntcs
en Europa, si no quc ident ificaron al Jnka con un rey eu ropeo. Intro• dujeron en los Andes la noci6n curopea de •monarqufa• quc suponia 1111 gobernante, lo quc cs discutido hoy dia cuando se aprecia que la
organiz.aci6n poUtica andi na fue mayormcnte dualista. Los cronisras incerrogaro n por una hisroria y recibicron miros y
cradiciones orales: los primeros hablaban del o rigen del mundo y, en casos mas elaborados, de diversas edades o csradios que el mundo habfa atravesado. Aparecfan en ellos los dioses q ue habfan participado en el o rdcnamienro del mundo, y cambifo los heroes fundadores quc
hab/an llcvado adelante las disposicioncs sagradas. En un universo mitico se p rcsenraba una imagen del pasado que no era hist6rica, y no
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LOS AN Dl:.!-1. ~U IIISTOIU,\ Y LOS INCAS
correspond/a, en consecuencia, a las carcgorfas remporales, espaciales y personales que la hisroria consagra; los croniscas ordenaron - re• ordenaron- esta informaci6n en forma cronol6gica, matizada por la presencia de los ,,rcyes•, es decir, los incas que habian gobernado
el Tawanrin.suyu, considerado as/ dcsdc cl pumo de vista hisr6rico y europco de los cronisras.
De esta manera se construy6 una hisroria incaica q uc ruvo vigencia hasta el presente siglo, cuando los estudios arqueol6gicos iniciados
en los Andes en cl XIX y desarrollados en el XX, y el recience desa• rrollo de la anrropologfa andina, hicieron ver las afirmaciones de los cronisras desde nuevos punros de vista. J-lace anos se habfa llamado la arenci6n sobre la calidad anrropo16gica de las cr6nicas, que a la ve2. escribian sobre los Andes dcsdc los puncos de vista de la hisroria rcnacencista; al mismo riempo sc hacfa cada vez mas diffcil consi• derar las afirmaciones hist6ricas de sus amores como provcnienres
de la informaci6n andina. Hoy la vision hist6rica de los cron istas puede ser mas f:icilmence discucible, aunquc durance mucho ticmpo rodav/a scgui r:in rigiendo muchos de sus csquemas, a falra de otros. Por cjcmplo, seguid siendo un importance punco de referenda la cronologfa propuesrn por dichos au cores para los ulrimos incas, aun a sabiendas de quc los mismos incas, presencados como gobernantcs monarquicos, formaba n pane de una emuccura dual del podcr, hoy en plena investigaci611.
Pero los c ronisras proporcio naron una invalorablc documenraci6n sobre la vida de la gence and ina, que rebasa a vcces la pura historia de) Tawantinsuyu, y ello se aprecia jusramenre en sus informaciones de caraccer etnografico, a veces enu nciadas al margen -a craves-de la hiscoria de los incas que buscaron cscribir para sus lecrores eu ropeos. Gracias a un enormc conjumo de informaci6n proporcionada por la documen caci6n oficial y privada de los propios espaitoles dcsde
el siglo XVI, y en concordancia con la quc aporraron en dccadas
IS
CArfTULO I
reciemcs la arqueologfa y la amropologia en los Andes, es posible complcmenrar y reordenar la informaci6n de las propias cr6nicas
acerca de los incas. La informaci6n sobrc los incas que puede hallarse en las cr6nicas y
ocros documenros coloniales no es uniforme. Desde los conraccos ini ciales, hubo de pasar algun ricmpo para que los espafioles adquirieran a lo mcnos los instrumemos lingiiisticos imprescindibles para recoger
y procesar la informaci6n quc la geme andina podia proporcionarles; a la vez, pas6 igualmeme riempo antes de que la genre andina, en posesi6n de inmumemos redprocamemc adquiridos a consecuen cia de la invasi6n espaiiola, escribiera en quechua o en espafiol una versi6n si no equivalence, sf en condiciones de ser procesada por leccorcs europeos. A ello sc debe que los propios cronistas hispanos
-los cronisras de la conquista- proporcionaran poca informaci6n sobre la historia de los incas, aunque en muchos casos dejaran daros emograficos de indudable valor, a la vez que iniciaran la elaboraci6n de esrereotipos, hist6ricos y culturales, por ejemplo, que han durado
cenrurias. No pudo evirarse en el siglo XVl que las cr6nicas incorporaran
como historias d iversos ciclos mfticos; campoco pudieron eludir los cronisras andinos, ya en proceso de aculcuraci6n, la inevitable conscrucci6n de una hisroria, si bien en los ulrimos puede ser mas evidence el craslado de caregorias hisr6ricas eu ropeas, y mas visible la permanencia de aquellos crirerios quc presid ian la rransmisi6n oral de
la informaci6n, cradicional esta en los Andes. Por ocro !ado, avanzado el proceso de colonizaci6n espaftola los cronistas adquirieron nueva y mas completa informaci6n. Una vez pasados los ai\os iniciales, en
que las cr6n icas se dedicaron fundamemalmente a la relaci6n de los hechos de los espaiioles - la gesta de la conquisra- se imeresaron mas por el Tawaminsuyu de los incas y se busc6 organizar una in formaci6n mas sisremacica sobre cl pasado andino. Esta rendencia
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LO S ANOf.S, ~l.' 1IISTORIA "I LO ~ INCAS
creci6 espedficamenre en los ricmpos de! virrey Francisco deToledo (I569- l 581), en los cuaJes se busc6 concretamcnte recoger infor maciones «oficiales•, producidas tanro por los descendienres de los
incas en el Cusco, como por medio de encuesras encre la poblaci6n. Pero rodo ello no vari6 la siruaci6n de los cronisras como recolcctores de rradiciones orales, y las cr6nicas conrinuaron siendo receptoras de conjuncos de miros y escenificaciones riruales, rransformadas en hisrorias. A su vez, los cronisras fucron empleando los escritos de sus predeccsores, urilizando topicos establecidos desde los primeros que
escribieron sobre los Andes, asumiendo estereotipos y manreniendo prejuicios de sus riempos. Los especia.listas han hecho visible quc los cronisras se copiaron consranrementc enrre si y redaccaron informa ciones similares, rapidamenre esrandarizadas en las versiones orales que corrfan en ,us ciempos. Reprocesar dicha informaci6n es una de las rareas fundarnentales de la hiscoria andina comemporanea.
Los cronistas fueron consciences de cranscribir mitos - los llama ron •f:lbulas• o •leyendas- cuando se craraba de los relatos aJusivos al origen del mundo o incluso de los inicios de! domimo de los incas en cl area andina. Ello ocurri6, quiza, porquc no podfan garanrizar
a sus propios ojos, ni a los de sus lecrores, la verosimilirud de las in formaciones que Jes eran transmitidas; ,in embargo, dudaron menos en transformar en hisrorias, cronologicamenre ordenadas, aqucllos relaros que aparcdan vinculados a las biografias personaJes de los incas. Hoy puedc verse, en las mismas cr6nicas, el re-,ago indudable de la rradici6n oral, cuando se revisa con nuevos ojos sus descripciones de los hechos de los incas. AJlf puede apreciarse, por ejemplo, la forma como un conjunro mfrico quc hablaba de una guerra que habria ocurrido entre los incas dcl Cusco y los chancas - habirances de la
zona del rio Pampas, al none de! Cusco-- fue transformado en una historia que relataba la gesra de! vencedor y que los cronistas vincu laron a los inicios de la expansi6n del Cusco en los Andes. El ciclo
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CAP(11JIO I
de la guerra chanca, asimilado ya a los tiempos del lnka Pachacuti, se relacion6 rambien en las cr6nicas con una serie de modificacioncs en la organizaci6n del Cusco, genericamcntc vinculadas a Ia orga nizaci6n def Estado. A la vez, como las versiones que recibian los
cronistas eran mas cercanas a los riempos de los espanoles y podian ser complecadas o reorganizadas con ocras informaciones, fue mas racil de alli adelante a los propios croniscas ofrecer un mejor cuadro de la hiscoria de los sucesores de Pachacuti, hasta llcgar a la guerra entre Hu:lscar y Atahualpa, coincidente con los momentos en que los espailoles llegaban a los Andes.
Las versiones que los cronisras recibieron de sus informames an
dinos incluian asimismo represemaciones escenificables, o los relacos correspondiemes a las mismas. Los propios cronisras dieron cescimo nio de su exiscencia, atribuyc!ndolas a la formaci6n de una historia olicial, aunque tambien las identificaron con un tcatro andi no. Hay algunos dacos adicionalcs que pcrmiten aproximarse mcjor a esras escenificaciones y su sentido, pucs muchas de ellas continuaron rea lizandose durance la colonia espanola y ocurren aun en cl presence, altcradas sin duda por el tiempo y por las modificaciones culcurales introducidas y vividas en los Andes desde el siglo XVI. Un buen ejemplo del funcionamiento colonial de esas escenificaciones se halla
en las paginas de la Historia de la Villa Imperial de Porosi, escrira en el siglo XVIII por Bartolome Arians de Orsua y Vela, quien recopi16 informaciones escricas por ameriores habiranres espailoles de la misma ciudad desde el siglo XVI. Relat6 Arzans las fiestas que se celebraron con motivo del fi n de una de las guerras civiles encre espaiioles del siglo XVI, en las cuales parricip6 canto la poblaci6n hispanica como la andina de la propia ciudad de Pocosf:
Pasados los I 5 d,as en que los moradorc.s de Potosi solamente se
dedicaron a la asisrencia de los divinos oficios acompat\ando al San~ tfsimo Sacramenco que al descubierco se dedaraba por su pacr6n. a
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I.OS ANDES. SU HI.STORJA y I.OS 11\°CAS
la Sanris11na Virgen y aJ ap6srol Sami.igo, tracaron de cominuar las ficsca.s con de~o~t~ciones de regocijos va.rios. y poniendolo en efecto lcs du:ron pnnc1pJo con ocho comedias: Jas cuarro primeras rcprc~ semaron con general aplauso los nobles indios. Fue la una eJ origen de los monarcas ingas d 11' ' I · c eru, en que muy a vivo sc reprc:-sem-6 cl mod~! _rnanera con que los seriorc:-s y sabios dd Cuzco introdujcron al fel,cmmo Mancco Cclpae I a la regia silla, como fuc reeibido por mga (que es lo mismo que grande y poderoso monarca) las I 0 . . , pro• ~ 1ncJas quc con 1:15 ~rmas sujcr6 a su dominio y la gran fie.sea quc hizo aJ sol en agradec1m1c-nro de su.s vietorias. La scgunda fuc los criunfos de Huayna Cdpac 11' inga dd Peru, los eualc.s consigui6 de las tres
na.~1ones: ch_angas, chunchu.s momafiescs y dd seiior de los colJas, a qu,en un~ pocdra despedida del braw poderoso de estc monarca por la.v1olcnc1a_de una honda, mcrida por las sienes le quir6 la corona, el remo y la v,do: baralla que se diode poder a poder en los camp0-s de
Harunco!Ja, estando el inga Huayna Cdpac encima de unas andas de oro _fino ~esde ''! cuales h.izo el riro. Fue la tcrcera, las ,ragedias de CuSJ H~ascar, 12 onga del Peru: reprcsem6se en ella las fiestas de su coronac16~, la gran cadcna de oro queen su ,icmpo sc- acab6 de labrar )'. dequ,en tom6 esrc monarca cl nombre, porqueCusi Hua.1car cs lo m,smo en cruccllano quc soga del conrenco; cJ lcvamamicnro de Atahuallpa hermano suyo aunque bastardo; la memorable bac,lla que
e,,cos dos hermanos sc d,cron en Quipayp:in, en la cual y de ambas parres muneron 150 000 homb es· .. , . d '
. . . • f , pns1on e in 1gnos u:.ramientos qu~ al 1nfd1z C~s1 Hua.scar le hicicron; riranlas que cl usurpador hi?.o en el Cuzco qu11ando la vida a 43 hermanos que alli ren,'a I · h. , y muerte ~umosa quc 1io dar a Cusi Hu3scar en su prisi6n. La cua.rca fu I r d I. . . • e a uina , e 1~~n~ 1.nga; reprcscnc6sc en clla la cnc.rada de los cspafioJes
al Peru; ~nso6n IOJUS':' que hicicron de Arahuallpa, 13' ing• de CSl'J
rr_ionarqma; los presag~os y admirables sellalcs quc c-n el cielo y aire sc, vi~ron a~rcs que le q~,c~en la vida: rir,1nias y lasrima que cjccutaron los cspanoles en los md,os; la maquina de oro y plara que ofrcci6
porquc no le quitascn J.1 vida, y mucne que Jc dicron en C:ijamarca. Fu,eron esta~ comcdias (a quienes cl capit:in Pedro Mendez y Bartolo me de Duenas les dan mulo de solo reprcsentaciones] muy especiales Y famosas, no solo por lo cosroso de sus tramoyas, propicdad de sus
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CAPITUL.01
uajes y novcdad de his1orias, ~ino tJrnbiCn por la clcg.rncia del verso
mixto dcl 1diom.L c::i~lc11ano con c1 in<li.rno.
Anade la descripci6n quc en otro momcnco de las fiestas apa• rcdan «proccsiones• andinas, dondc se mos1raba genre de divcrsas
partes, productos agrtcolas y animalcs; despues d~ ~llos nucvai:11cnte rodos los incas semados en andas y con sus rrad1c1onales vcsudos Y arriburos; en la lisrn de los ,,ltimos «( ...J quien mas se seitalaba [ ... ] era el soberbio Atahuallpa (que hasta en escos tiempos (siglo XVIII] cs renido en mucho de los indios como lo dcmuestran cuando ven
sus re1raros) f.•• 1». L~ version que ofrece An.ans de Ors,,a y Veb cienc directas rcmi-
niscencia.~ de los Commtnrios reales de /os Incas del Inca Garcilaso de
la Vega; sc ha insenado aqui co111pleta por su intcres, pue_s, precis~, en concordancia con los cronistas clasicos. l!Ue la poblacion and, na escaba acosrumbrada a rransmitir informaci6n sobrc el pasado mcdiante representaciones de esra narurale-z.a. Las cr6nicas clasicas
mencionaron que las mismas ceremonias se realizaban en las fiestas solcmncs del Tawanoinsuyu, e incluso quc cuando un nuevo lnka accedia al poder se le rcprcsenraba la «version olicial» de los hechos
de su prcdecesor. Cabe aiiadir quc son muchos los rcstimonios de cste ripo de
reprcsentaciones rcalizadas por la pobbci6n andina a lo largo de la C'..olonia y a,,n en cl prcscnte. Los aurorcs de anales coloniales y de las relaciones de liesras nos hacen conocer quc escenificaciones s imilarcs solian haccrse cuando un nucvo rcy asccndia al trono espanol, por cjemplo, yen otcas especiales solemnidades. Tambicn se ha dcjado
consrancia deq ue duranrc los siglos XVll y XVII I algunas deestas re prcsemaciones fueron escasamentc antcriorcs a algunas sublcvaciones andinas, y por cllo las auroridades coloniales locales recomendaron su supresi6n. Finalmence, se ha hallado rextos coloniaJcs que reproduccn
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IOS ANDFS. SU HISTORJA YLO~ JNCAS
talcs rcprcsenracioncs son en realidad los «libretos» hisp:inicos- , tal es el famoso caso <le la Trngedin de/fin de Atahuallpn, cuyo texto
quechua colonial ha sido rescacado en su toralidad. Una cuesti6n distinta e imeresante cs d tesrimonio que ofrece
Arulns dcl prcstigio quc ten fa la figura de Atahualpa end siglo XVTII, la cual se deriene a destacar enrre las «procesiones,., de Potosi. Ello
podrfa relacionarse con la anterior alirmacion de que la acusaci6n de «basrardfa» que sobre el hicieron recaer los cronisras espanoles, y que Arians recalcara, careda de significaci6n para la poblaci6n andina.
De cstc modo, sc suma a la informaci6n mitica, probablemente rcproccsada tambicn en las mcncionadas rcprcscmaciones, una version
que parecc ejemplificar el pasado - presentandolo como cjemplar y paradigmarico- y que complemema cienameme a las cr6nicas clasicas. E.~ muy probable que mucha de la informaci6n hisr6rica que presenran las cr6nicas re.~ponda a los relaros correspondiemes a esras escenificaciones, como parecfa ocurrir con los referenres a las conquisras incaicas. Tomando como cjcmplo a es10s ulrimos, puede apreciarsc quc los incas inician sus conquista1 por cl none, saliendo siemprc dcl Cusco y rcgrcsando a cl, continuandolas dcspucs en el senrido de las agujas del rcloj. Aun considerando quc hay vasianrcs en los rextos de las distinras cr6nicas, esa informaci6n permite explicar
una reprcsenraci6n ritual de las mismas conquisras. Parece, ademas, quc es1as conquisras, asf prcscntadas dcnrro de un conccx10 ritual, formaran una cspiral quc sc amplia, de ma.ncra quc al salir cada uno de los incas a in iciar sus p ropias conqu isras, sc prescnra como si vol vicra a conqu israr pueblos y territ0rios q uc sus prcdcccsores habfan conquismdo. Cada /11k11 podfa resumir de esta manera la his10ria de la formaci6n del Tawanrinsuyu.
De esras afirmaciones de las cr6nicas y haciendo abstracci6n de los
problemas de una discutible cronologfa, no siempre precisable por mcdio de tecnic;,s arqucol6gicas en vista del cono ticmpo que duro el
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Tawancinsuyu, puede incenrarse hoy una nueva imagen de la hisroria incaica, encendiendo corno provisoria la cronologia l' succsi6n de los propios incas, ya quc la unica informaci6n de la que se dispone es la discutible sucesi6n de sus guerras y conquistas. Es natural, de otro
!ado, que los cronistas organizaran la cronolog/a de la historia de los incas sobre la base de las biografias de los mismos, puesro que era lo comun en la hisroriografia europea del siglo XVI. Puede anadirse, en cambio, que una historia de los incas escrita hoy dia est:I en condi ciones de compulsar mucha informaci6n distinta a la de las cr6nicas, exisrenre en la numerosa documemaci6n administrativa producida duranre los tiempos coloniales y que no adolece del caracrer Cusco centrista de las cr6nicas clasicas. Estas, partiendo nuevamence de la
experiencia europea de sus aurores, supusieron que la informaci6n cusq ueiia era mas correcca, en tanco corresana y, de hecho, se model6 desde el Cusco la h isroria del area andina.
La informaci6n colonial a que me refiero est:1 consriru ida por documencos adminisrrarivos, visitas y relaciones, encuesras sobre la poblaci6n y los rerrirorios que ocupaba, incerrogarorios sobre lo quc producfan y la forma como lograban organ iza r su economfa, ccnsos e incluso documenros judiciales y notarialcs de la Colonia; en rodos los documentos indicados sc halla una informaci6n acerca de los habitanres dcl area andina, precisandose muchas veces su relaci6n con los incas dcl Cusco en forma ral que no siempre corresponde a la version de las cr6nicas clasicas. Compulsando este ripo de informa ciones en un conjumo mas amplio que el de las cr6nicas es posible dar una vcrsi6n de la historia culmral, econ6mica, social y religiosa del Tawanrinsuyu, ademas de unaaproximaci6n a su organizaci6n poHtica.
Debe reperirse, en ultimo rermino, que no es posible aislar la hisroria incaica de una hisroria andina de mas larga duraci6n puesro que, como ya se dijo, los incas consriruyeron un punto final de una larga rrayecroria de miles de afios interrumpida por la invasi6n espanola
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LO~ANOES,SU IIISTORIA YI OS INCA~
del area andina en el primer cuarro del siglo XVI, historia que con
tinu6 ~~pues de estc aconrecimienco en la vida de la poblaci6n que sobrev1V16 al colapso de la invasi6n y resisci6 la colonizaci6n en un largo proceso de aculruraci6n conrinuado hasra nuestros d/as.
Los antecesores de los incas en los Andes
Ames que los incas hubo una larga y compleja sucesi6n de organi zaciones andinas que, a craves de un arnplio riempo, hoy verificable en unos dicz mil afios, dieron forma a una sociedad org:lnicamente esrrucrurada, con visibles desarrollos en rerminos econ6micos, con una nurrida red vial y con una complejidad de relacioncs sociales que
desperr6 facilmenre la admiraci6n de los europeos quc llegaron a los Andes en el siglo XVl. Sin embargo, en un primer momenro fue di Heil para los espanoles distinguir enrre los incas y sus amecesores; no solamenre lo fuc por el hecho, mencionado anreriormenre, de que la
duraci6n y calidad del dominio de los incas cran relacionados por los aurorcs del siglo XVI con una justificaci6n de la conquisra espanola, sino porque los cronisras no esraban en condiciones de recogcr rodas las versiones cxistenrcs en los Andes, en las diversas poblaciones que alH vivfan, y asi proporcionaron mayormenre la vcrsi6n cusquefia, aun cuando muchos de ellos recogicron rambien sus daros fuera del Cusco, los organizaron denrro del margen de la «historia oficial• propuesra desde los primeros au cores de cr6nicas, rcperida y ampliada sucesivamcnre despues.
Cuando desde la segunda mirad del siglo pasado los viajeros y erudiros incursionaron en la arqueologfa e iniciaron esrudios m:is sistemaricossobre las anrigiiedades andinas, se inici6 una etapa donde la arqueologia abri6 los horizonres de la vida anterior a los incas. Ya
en el siglo XX, los esfuerws de los arque6logos se vieron coronados por multiples conclusiones que no solo explicaron la brevedad del
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dominio de los incas cusqueiios, sino que permicieron distinguir los discincos momentos de una larga craycc toria andina, cuyas mas anriguas evidcncias hablan de cazadorcs y recoleccores quc vivieron
en los AI,des hace unos die1. mil aiios - L~uricocha, Mochc- , y sc
habla incluso de varios miles de aftos ameriores. Los arque6logos dcnominaron al riempo de los incas •horizonre
rardio• u «hori,.ome inca•, conservando tambien la denominacion
dasica de lmpcrio inca ico o Tawantinsuyu. El cermino •horiwnte• seiialaba a.~i un pcriodo en q ue las diversas poblaciones andinas habian csrado rclacionadas por un poder central o por mcdio de patrones
cu lwrales rcconocidamcntc excensos en la region. Pucde hoy apreciarse q ue al momemo en que surgiecon los incas,
en el siglo XV de nucsua era, habfa en los Andes un conjunco - to davfa difrcilmcnce prccisable tamo en su numero como en su alcance
ccrricorial- de grupos emicos con disfmil grado de o rganizacion politica, entre los cualcs sobresalia el Chimor en la cosca norce dcl Peru actual. Alli sc habia desarrollado una agriculcura con ricgo que movia abundamc agua y alimemaba una poblaci6n nutrida, sc habfa consrruido nuclcos urbanos hoy cclebres, como Chan Chan, quc al cam.6 amplia extension y albcrgo una poblaci6n estimada enrre veinre mil y treima mil habitantcs. I,;\ abundance informaci6n •rqueologica sobre esca wna ha pcrmitido numerosas aproximaciones al arce y la simbologfa, a parci r de cllas sc ha supucsto un gobicrno tcocratico centcalizado y una o rganizaci6n politica quc colision6 con la de los incas en expansi6n J lraves de largas guerras q ue los c roniscas clasi
cos relataron sobre la base de una informacion predominancemente
cusqueiia. En la sierra norrei\a y central de! Pecu hab(a numcrosos grupos
etnicos quc no akan1,1ron los mismos niveles de dcsarrollodd Chimor y que no fueron campoco muy celebrados en las u6nicas, las quc se ocuparon mas de la forma como los incas los habfan conquistado. Una
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t.O:,, A.Nl>l!.S. SU l fl!ffORIA Y I .OS IN('A~
excepcion visible sc refiere a los huancas del valle dd Ma ncaro y a los
chancas de Huancavclica y Ayacucho. que sf fueron documcnrados en mayor mcdida que otros grupos; los u ltimas fucron abundancemente mencionados por un celebre con flicto que sosmvieron con los incas en los comienzos de la expansion de cstos, en el tiempo atribuido al gobierno del lnka Pachacuti. Los primeros, junco con orros grupos
del area norceiia de los Andes, fueron enumerados con cierco dctalle a lo largo de los telatos de las conquistas incaicas y, ademas, apace cieron ampliamente documcnrados por los espaiioles de! tiempo de la conquisrn. O tra cosa ocurri6 en las cronicas con la region de Q uito, identi fi cada por algu nos cron iscas como un • rcino• que fucra cardfamen1e conquiscado por los incas, y quc alcam,6 carcgoria propia
cuando en los momentos finales dcl Tawantinsuyu hubo una guerca enrre dos aspirances al poder: Huascar y Atahualpa, identificado el p ri mcco con el Cusco y el segundo con Quito.
Por otro lado, la informacion de las cronicas desracaba en la cosca ocros sefiorios o «reinos•, llamados asf segun la terminologfa mas en boga en la literacura curopca de la cpoca, que habfan sido incorporados al Tawantinsuyu durance su expansion, el caso de Chincha, en la cosca central dcl Per(1 actual, es qu iz:i el mas notable, y su imporcancia ha s ido mcncionada, ramo en relacion con su elevada poblaci6n, como
porquc cl curaca de C hincha se hallaba en Cajamarca acompanan do a Atal1ualpa en los momemos en que cstc fuern apresado por la hucstc de Francisco Piza ,-ro. Hacia cl ~ur andino, alrcdedor del Iago Titicaca, habfa ouos grupos aymara-hablames, entre los cuales des cacaban los lupaqa, hatuncolla y pacaxe, amplian1ente documentados en las cron icas yen los papeles coloniales, y cambien ocros grupos importances que se hallaban extendidos por el amplio territorio de
Charcas, hacia el suresce por el alripla no boliviano, cl none de Ch ile y el none acgcntino.
Todo estc conju nc o, que abarca c icrtamente muchos grupos
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CAPtrULO I
mas, decallados hoy por la arqueologfa y la documenraci6n colonial,
consciruye aquella ins1ancia que los arque61ogos llamaron «peri~o incermedio rardio• o «esrados regionales•, ambiro que incluye 1ambu:n a los incas i(liciales en el Cusco y que uanscurre crono16gicarnente
encre los aiios 1,100 y 1,400 d.C. La informaci6n emogr:lfica que complcmenta la documenraci6n colonial indicada ha permitido asi mismo nuevas aproximaciones a las caracreristicas de la vida en esos
tiempos preincaicos. . . Previamence a codo lo anterior hubo una epoca de mterrelac16n
andina -entre Los ai\os 800 y I, I 00 d.C.- ocupada por Tiawanaku y por Wari; el ccntro de\ primero se hallaba en la region sureste del
Iago Titicaca yel del segundo en la sierra de Ayacucho. Ambos cenuos fueron identificados con dos grandes conglomcrados urbanos de esos nombres. Tiawanaku se conoci6 desdc los primeros momenros de la invasi6n espanola y figura reperidamen1e en las cr6nicas como _una ciudad arruinada y misreriosa; con el desarrollo de la arqueolog,a se
descubri6 que su antigiiedad era mayor que la de los incas Y alguna vez se pens6 que habia sido un imperio prcvio a estos, a~nque_ se le atribuy6 antigiiedades desmesuradas, cuya decadencia hab,a monvado una migraci6n andina hacia el norce, de la cual habria, surgido el ~usco incaico. Pero los esrudios mis recientes de los arqueologos prec1saron que Tiawanaku no se habia extendido por la sierra y cost:1 del Peru actual, sino a lo mas hasta el sur del Cusco y que, en camb10, cl desa rrollo coherente que se apreciaba en esra cnorme region hacia el norte del Cusco podfa ser idenrificado con Wari. A es1e periodo se atribuy6
0 una unificaci6n polltica, con caracrcrfsticas espedficas expans,vas militaristas, identificada primcro con un «lmperio Ttawanaku• Y pos teriormcnce compartida enue este y el «Imperio Wari». Tambien se le llamo «horizonte medio• dentro de la Hnea tc6rica que explicaba el desarroUo de los Andes por medio desucesivos horizonces intercalados
con periodos inrermedios,
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lOS ANDf..S, SU I IISrORIA YI OS INCAS
Uno de los puntos mas inreresanres de este periodo esra en la organizaci6n urbana yen la posibilidad de que muchos de los cami nos conocidos como incaicos pudieran perrenecer a esros tiempos. Como ejemplo de lo primero puede mostrarse las primeras epocas de la ciudad de Chan Chan, aparte dd clasico ccnrro urbano de Wari en Ayacucho, aunque la primera alcanz6 su maxima expresi6n en un
periodo posterior. Si bien no puede probarse el caracter militarisra de su expansion, sf es visible que se logr6 en este ciempo una gran uniformidad de criterios en d isrinros lugares de los Andes, los cuales abarcan desde los patrones de construcci6n hasra, posiblememe, la uniformizaci6n de las modalidades de uso de los recursos econ6micos y de la energfa humana. Todo ello ha favorccido la hip6cesis de una organizaci6n politica centralisra y expansiva en estc pcdodo.
Anceriormence a Wari-Tiawanaku hubo otro periodo quc 1rans
curri6 entre los siglos I y VIII d.C., al cual se ha llamado •pcriodo intermedio remprano• o de «culruras regionales» para diferenciarlo
de los horizonres unificadores del tipo anterior. Aqui desarrollaron muchas culcuras, destacando Moche (Mochica) en la cosca none del Peru actual, Cajamarca y Recuay en la sierra norcena, Lima en la cosra central, Ayacucho y Huarpa en la sierra cencro, y Nasca en la cosca sur. En la sierra surcfia desracaron algunas etapas previas y locales de Tiawanaku. Los grupos y las organizaciones de esca epoca son denominados gcneralmcntc de acuerdo con los nombres geograficos coloniales o accuales, careciendose de t0do tipo de informaci6n oral o emognlfica acrual -a excepci6n de algunos testimon ios lingiiiscicos parciales-, e incluso de informaciones de la epoca de los cronistas. Para esre perfodo de la vida andina la arqueologia ha hecho tambien
apom,s fundamentales, pareciendo sin embargo mis diffcil obtener coherencias comparables a las del periodo inrermedio tardio, puesco que nose cuenca con similares facilidades de informaci6n emografica o documental.
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<.Al'fTll n I
Mas anriguo que el pcriodo in1 crmedio temprlno se mcnciona cl i(horizontc tcmprano», «horizontc Chavln» o c,formativo-.., aunquc d
(1ltimo termino es algo mas amplio cronol6gicamentc, pucs abarcaria
-grono modo--los mil quinienros anos previos a nuestra era. mien eras que Chavfn en concreco tendrfa una duraci6n menor. Chavin dio nombre a este perfodo de la vida andina. Ubicado en cl Callcj6n
de Huaylas, cenrr6 su ambico nuclear en el conjunro ceremonial que lleva su nombre, cuyo estu<lio constituy6 un hito en la historia de la
arqueologfa peruana. Se conoci6 poco hasta este siglo, a pesar de que en las cr6nicas ch\sica, hahfa reforencias acerca de su ubicaci6n yen cl siglo XIX habfa sido visitado en varias oporrunidades y dcscritos algunos de sus principalcs monumcncos y cscu lruras en picdra. Sc pens6 en alg(m momcnco que Chavin habla sido una primcra forrna de organi1aci611 cstatal c incluso se le arribuyo camctcristicas expan sivas. Mas correcta parece ser la propuesta que lo considcra el mas conocido ejemplo de un nivel de desarrollo de la cultu ra andina en
el cual se hab/a generalizado la agriculrura. Muy poco sc sabe, sin embargo. de su organizaci6n social, salvo por deduccioncs compa rarivas y gcneric.1s.
Entre cl ticmpo de Chavfn (los 1,500 aiios a.C.) y los dicz mil a ,ios quc ofrcccn las cvidcncias :uqueol6gicas deb vida en los Andes. espacio temporal que la investigaci6n conccmponinca ticndc a hacer mas amplio. se desarroll6 una larga hiscoria del hombre andino. des de sus inicios, cuando provenience del none lleg6 a la region de lo, Andes cenrrales, hasca la aparici6n de las alras culturas en esta regi6n.
Su descripci6n va mas alla de los alca nces de esre libro. Es, pues, larga la vida dcl hombre en los Andes, y debe en cenderse
quc los incas no constituyeron una ruptura en su hisroria, sino mas bien quc cstos fueron posiblcs gracias a una aJnplia expcricncia ancerior. Poco cs, probablemente, lo que aporrnron de original los incas en lo, Andes, aunquc ello no disminuye en ningun caso su import,mcia en
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la historia; es la unica organ inci6n andina sobre la cual se dispone de amplios testimonios hisr6ricos acerca de la forma como esraba escablecida y de las pauca.~ que la regian, de la cual se conoce mas
sobre ~omo estaba organizada su economia, sobre la que sc sabe cada vez mas grac,~s a la concurrencia de multiples disciplinas. Hoy puede verse en los meas un momento de una larga cominuidad andina
ap'.eciab!e en una mayor duraci6n que los prccedi6 y sobrevivi6 ~ la mvas,on espaJiola del siglo XVI. Cicno es tambien que los incas llevaron a niveles quiz.a insospcchados antes de ellos a muchas de las
formas de organizaci6n andinas. aprovechando de esta m:mera su ex peri~ncia hisc6ri~; el lose aprccia mcjor en las formas de organizaci6n 111as1va y extens,va de la producci6n, quc suponfa llevar a extrcmos la reciprocidad y la rcdisaribuci6n como caractcriscicas b:isicas de la
c~onomfa Y las relaciones sociales andinas. Todo ello no pudo hacerse sm conR,cros, pero requiri6 de cicrcos consensos basicos, alcanzables
a parci'.,de una comun experiencia tradiciona!mente aceprnda por la poblac,on andma. La organizaci6n incaica ha dado rnotivo a la formu
la:ion de ?iversas utopfas recrospectivas, como aquellas que vieron en el fhwa11110suyu un excclenrc cjemplo de comunismo primitivo O de 1111 imperiosocialisca dcl pasado; rnmbien hasido caraccerizado como una organizadon esclavisca y tocalicaria. Todo csro reAcja, quiza mas de lo conven,cnce, la necesidad academica de probar decerminados supue'.cos teo, icos, tan europcoccntricos como los que presidieron la escmura de las cr6nicas en el siglo XVI.
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CAPJTULO 11
El origen de los incas
Sob re el origen de los i ncas existen numerosas versioncs, desde los micos recogidos por los cronistas del siglo XVI hasca las modernas explicaciones e h ipotesis propuescas por los especialistas, si bien en los ultimos aiios ha dejado de cenersc en consideracion como cema principal de invescigacion, cuando el asunco mismo de los orfgenes dej6 de ser mocivo de apasionamienco espccializado, como habfa ocurrido especialmence en el siglo pasado c inicios de! presence.
Los miros cusqueiios y la arqueologia concemporanea coinciden en seiialar el ambico del Cusco como aquel en q ue se origin6 el Tawancinsuyu - que significa ' las cuacro parces del mundo', 'codo el mundo'- , llamado imperio de los incas por los cron istas de! siglo
XVI. En el Cusco hay evidencia de una larga ocupaci6n humana y mil aiios antes de Crisco ya existfa la agriculcura. Sobre el desarrollo del Cusco previo al siglo )01 es poco lo que se conocc en forma cierca, al margen de la identificaci6n de la ceramica y de las formas arquitectonicas del lugar, que son anteriores a las clasicas formas in• caicas. $:ibese, sin embargo, que exiscicron allf antes de! surgimiento del Tawantinsuyu diversos grupos ecnicos, algunos de los cuales han
sido mcjor idencificados que ocros, encre cllos descacan los ayarmaca, mejor estudiados que los ocros grupos indicados en las cr6nicas, como
c.APtrutO II
son los alcavizas, sahuasiray, etcetera. Poco se sabe de ellos, aunquc apareccn con frecuencia en las cr6nicas y otros ccxcos coloniales, asi como sus nombres se indican entre los de aquellos pueblos cusque nos que ucilizaban adoracorios vecinos al Cusco o incluso ubicados dentro de la actual ciudad. Las vcrsiones miticas los mencionan,
diferenciandolos de los incas, a los que se considera como un grupo independience. Pcrsisce codavfa un confuso panorama al respecco, puesro que el cermino Inka suelc emplearse canco para designar per sonalmence a los gobernances, como tambien a los miembros de sus respeccivos grupos de paremesco- llamados generalmence panaqa-. Normalmente se distingufa a las panacas de los grupos de parencesco «normales», denominados ayllu. En el Cusco habia cambien diversos
ayllus, asimismo vinculados a los incas. Cuando los croniscas interrogaban accrca de los or[genes de los
incas recibicron informaci6n de acuerdo a las cacegorias andinas:
primeramence oyeron rclacos sobre cl origcn del mundo, y despues acerca del origen de los incas, que era su punco de especial interes, dado que de la particular sicuaci6n de la «dinastiai- incaica dependian cuestiones imporcances, como la legicimidad de la conquista espai\o la. Nacuralmente, los croniscas romaron escas informaciones como f.ibulas, sin embargo, este es el orden cemacico en el cual aparecen los temasde los orfgenes: primeramence el dcl mundo-d ordenan1ienco del mundo-, y luego cl «origen• de los incas, por lo menos asi es en aquellos cronistas que escribicron mas dccalladamentc sobre el cema. Cicrcamente que el asunco fue cracado por aqucllos que lo hicieron antes de 1550, aunque sus obras fueron publicadas con poscerioridad;
pero los primeros que parecen habcr escrito con algun fundamento sobre la tradici6n oral del Cusco fueron Pedro de Cieza de Leon -quien escribi6 hacia 1550- y Juan de Becanzos -quien finaliz6 su obra en 1551-. Se prefiere cratar aqu[ el tcxco de Becanzos porque no solameme mvo una larga residencia en cl Cusco y sc cas6 con
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El ORJGEN OL LO~ INC"J\~
mujer de la el ice cusquena, sino que aprendi6 el rimasimi de manera suficieme como para actuar como imerprete oficial.
Solo ahora se conoce el cexco inregro de la Suma y narracion de los incas de Juan de Becanzos, es visible quc las primeras p:iginas de su obra resumen o reproducen un mito de ordenaci6n del mundo y del origen de los hombres; posteriormeme habl6 sobre cl origcn de los incas. Sabre esre asunro se traca en los capftulos tcrcero y cuarto de su obra.
Resumiendo el texto de Betanzos, y despues de haber senalado el cronisca que Wiraqocha habia «ordenado» el mundo -\Viraqochll puede ser enccndido como un modclo de divinidad, con manifes caciones divcrsas que pueden corrcsponder a cada parte de! mundo andino, como luego se ver.i-, y dispuesto que los hombres salicran de abajo de la tierra, brotaron de una cueva en Pacaritampu cuatro parejas: Ayar Cache-Mama Guaco, Ayar Oche [Uchu]-Cura, Ayar
Auca-Ragua Ocllo, y Ayar Manco-Mama Ocllo. Cada uno de ellos llevaba una •alabarda• de oro - 'T11p11 Yauri-, vest/an ropa fina bor dada en oro -cumbi- y llcvaban al cuello unas bolsas, tambien de
mmbi, con unas hondas de nervios -de camelidos- . Las mujeres usaban asimismo adornos de oro, por ejemplo los alfileres o prende dores -tupu- . De Pacarirampu, que el cronista traduce como 'casa de producimienco', fueron a un cerro nombrado Guanacaure y sus faldas fueron empleadas para sembrfos de papas. Desde la cumbredel Guanacaure, Ayar Cache tir6 unas piedras con su honda, quebrando cuatro cerros y haciendo cuatro quebradas en ellos. Ance esca demos traci6n de fuerza sus compancros decidieron librarse deel, y regrcsaron
a Pacaritampu so pretcxto de recoger algunos objecos de oro que alli habian quedado en la cueva de donde salieron originariamcnrc. Una
vez alli, ingres6 Ayar Cache a la cucva, cubriendo los resrantes la en uada de ella con una gran losa, quedando asi cnccrrado Ayar Cache; este rrat6 infructuosamenre desalir. Luego deello, volvieron los demas
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c,wlTULO ll
J Guanacaurc, donde csmvieron un ano. pasatlo cl cual se mudaron a otra qucbrada Hamada Macagua, mas cercma al Cusco. Desde alli dcsccndieron al valle del Cusco, donde vivia Alcavi-i.~ con un grupo
de creinca indios. Oejaron en Guanacaure a Ayar Oche «convcnido en idolo•, pues vol6 hasca el cielo para hablar con cl sol «su padre• - canto la versi6n de Betarr1,os como las de ocros croniscas considcran
a los Ayar como «hermanos•- - Ayar Ochc rrajo e~ enca~_go del sol de cambiar cl nombrc de Ayar Mango en Mango Capac. hnalmence
este ultimo, junco con su ultimo «hermano» - Ayar Auca- Yl~ cuarro mujeres, llcgaron al Cusco, dondc sc establecieron dcspues de negociar con Alcavi1..a, quicn acept6 su car:\cccr de «hijos dcl sol•.
Antes de llegar al Cusco, los Ayar, ahora scis. habian pasado po'. un pequeno pueblo donde se sembraba coca y aji. Una vez csrnblec,dos en el Cusco, Manco Capac y sus hermanos hicieron una casa en cl lugar dondc dcspues se levantaria el Coricancha o «casa del sol». Luego
de ello, sembraron maiz. La vcrsi6n de los Ayar es rclacada rambien por orros cronistas Y
hay algunas pcquciias variantes en sus relaros: sc ocupan de clla, por ejcmplo, Pedro de Cic1..a de Lc6n - quien finalizo la segunda partc
de su Cr6nict1 del Pmi. aproximadamente a la par quc Beram.os- y el Inca Garcilaso de la Vega. La versi6n de los A)•ar sc present~, tanco e:1 Becanzos como en Cieza de Le6n. como la mas anrigua o quid la •mas
genuina» cxpresi6n de lo que los habitances del ~usco re~a~ron acerca de sus origenes m.is remocos. Cada pareja podna ser asun1lada ~ una de las cuauo panes en las que escaba dividido cl Cusco y camb,en el mundo; cada unade escas habfa sidosenalada en un mico anreri~rmen ce relacado por \os cronisras indicados, que habla de la creac16n del mundo por Wiraqocha. fa cicrro que el cermino «creaci6n• puede inducir aqui a error: no sc rcficre a la crcaci611 judeo-cristian_a, quc
considcra quc la divinidad crc6 al mundo de la nada, sino ,ms b,~n se crata de una ,,ordcnaci6n dcl mundo• que sc enconrraba en ca6uca
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sicuaci6n. El relatn del mico vincula a los «fimdadores• del Cusco con los mccalcs sagrados, como el oro, rambien los asocia con derermina dos cultivos: papas, coca, aj(, finalmcnte ma/1.; se indica asimismo que Ayar Manco recibi6 su nucvo nombrc - Mango Capac- po,· dispo s1c1611 de la divinidad solar, aunque esta solo se hizo prcsente hacia
cl final dcl relato mismo. Tambien de la pane final del mito podrfa deducirse quc fucron dos de los hermanos varones los que llegaron al Cusco, y que ello podria cstar relacionado con las dos micades en que aparece dividido el propio Cusco - f/0111111 y Uri11- . Recienres escudios han incemado precisar las estruccuras internas de esce mico
de los •hermanos• Ayar, ejemplificado aqui en la versi6n de Juan de Bccamos, si bien cs rcpetido con variances por ocros cronistas. Debe rccorda'.sc quc la versi6n de Becanios go,a <lei prestigio de ser de las mas ~nuguas, de un lado, asf como tambicn, de ocro, las parciculares cond,c,ones de bilinguismo de que goz6 su autor.
L1 pri,~era pane del mico sei\ala un itinerario hacia cl Cusco, y solo dcspues de sembrar papas y de la «eliminaci6n• de Ayar Cache, enccrrado en la cueva originaria --devuelto, enconces, al subsuclo matri·,.- cs que se produce la vinculaci6n con «el sol su padre• en cl ccrro r.ua~1acaurc, cuando Ayar Oche sc convirci6 en p,edra despucs de haber ,odo al c,clo» y rcgresado dd mismo convenido en un men sajero solar quc invistio a Ayar Mango, notific.-lndole su cambio de nmnbre. Solo despues de cstablccidos en cl Cusco, los Ayar sobrevi v,e11tes sembraron mafz, con sem illas quc habian trafdo de la cueva de Pacarirampu. Puede apreciarse aquf un ordcn - ,una jerarqufa?- de producros: papas, coc.1, ajt, mah:, lo cual puede informar tambien
sobrc los rccursos b:lsicos del irea, que cienen imponancia en cuanro sciialan una visible complememariedad agrfcola, dado que cada uno de ellos se obtiene en 1.onas ccol6gicas disrincas.
Debe af1adirse que en otras versioncs, por ejemplo la de Cieza de Lc6n, se indica varianrcs no solo en los «aconcecimicntos• que el
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u..Ptru l O 11
miio rclata, sino en el orden y nombre de los personajes del mismo. Por cjemplo, en Cieza es el propio Ayar Cachi, encerrado en lacu_eva,
quien se aparece a los resrames . hermanos• Ayas como un en~1ado solar en las cumbres dcl cerro Guanacaure. Sin embargo, las vanantes de redacci6n no autorizan a considerar una versi6n distinta de la de
Betanzos, debiendo ser (mica la fuence de ambos croniscas. . .. Ocro ripo de miro de origen de los incas cs aquel quc cransmmo
cl Inca Garcilaso de la Vega, cuyos Comemnrios renles M los Incas fueron publicados cardiamente en 1609. En realidad, Garci!aso incluy6 cres vcrsiones en su obra; una de cllas coincide en term1nos
gcnerales con la de Becanws y, aparcnremente, Garcilaso solo_ em~le6 versioncs cusquenas. Una segunda version menciona un d1luv10 y, desechando la prolijidad dcl relaco por considcrarlo fabulcsco, el cronisra cusquei\o indica solamcnce que «(... \ ccsadas las aguas se apareci6 un hombre en 1iahuanacu, que csca al mcdiodia del Cuzco, que fue ran poderoso que repanio el mundo en cuacro pa~ces Y los dio a cuacro hombres que Uamo reyes: cl primero se llamo Manco Capac, el segundo Colla, cl cercero Tocay y el cuarro Pinahua [ ... \•. A cada uno de esros correspondio una de las cuacro parres del Cusco
y del mundo. Aiiade que de Tiawanaku, Manco Qi.pa~ fue al ~u~~ y dio inicio al Tawancinsuyu. lnteresa anorar quc Garc,laso ad1ud1co
la primera version aqui anocada -la de los Ayar- .i los hab,cances de las parces norte y esce del Cusco, y la ulcima a los del sur Yoc~ce de la misma ciudad: como se ved, los dos primcros corrcspondenan a los sectores hann11 y los dos ultimos a los 11ri11 dcl propio Cusco:
En cambio, el mismo Garcilaso de la Vega privilegi6 en su cromca
un rclaco distinco, que ha sido muy difundido canto por la forma
como aparecc en esra cronica celebre, como cambi~n d_e~ido a quc la obra de su autor u,vo una nocoria difusi6n en vanos ,d,omas desde
su aparici6n inicial. . . Seg(,n cl relato de! Inca Garcilaso, el dios sol h110 sahr del Iago
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El ORJGE."1" OE LOS l\!CAS
Titicaca una parcja de hcrmanos )' esposos: Manco Olpac y Mama Ocllo. La pareja habia recibido el encargo divino de dirigirse hacia el none llevando una vara de oro, que periodicamente debfan tratar de hundir en el suelo: cuando esta vara se hundiesc seria sefial de que la
divinidad habfa escogido el lugar donde debia establecerse la pareja. Ello ocurri6 en el Cusco y all, sc inscalaron Manco Olpac y Mama Ocllo; informaron entonces a los hombres de su origen solar y les enscnaron a sembrar el maiz y a tejer, enrre orras acrividadcs civili zadoras. En la version de Garcilaso de la Vega figura Guanacaurc, y-.i conocido por el lecror de! relaco amerior de los Ayar, como el lugar dondc sc hundi6 la barra de oro. Sc halbn en esra versi6n elemenros que aparecen en la anterior, como el indicado, pues Guanacau re es en ambos mitos cl lugar donde se produce la «rcvelaci6n solar.. Es posible que esca ulrima version de Garcilaso haya sido claborada para dar mayor consisrencia al origen de los incas, escableciendose en cl la sacralidad de la pareja originaria, el iminandose las ocras; bien pudiera
ser una elaboraci6n cardfa, como bien ind ica el propio Garcilaso, preparada por la misma elite cusqueiia.
En rodas las versiones anocadas se aprecia que Manco Capac o Ayar Manco aparecc vinculado al culcivo dcl mafz; conviene descacar quc la region del Cusco produce maiz de alca calidad, cuya condicion ~c reconoce en distances lugares de los Andes, aun en nucstros dfas; bucna parce de este maizse producfa en el vaJle dcl Urubamba, donde exiscen numerosas terrazas de culcivo -com(1nmcnrc dcnominadas nndenes-, incluyendo algunos circulares (Moray) que podrfan ha her servido como laborarorio para la experimencacion del culcivo
del maiz, puesro que se indica que pueden hallarse reproducidas, en dichos andcnes ci rculares, diversas condiciones climacicas -basica mente calor- corrcspondiences a discincas zonas y altitudes de dicho valle. Manco Capac aparece en la generalida<.I de las cronicas como
un arquecipo que disefia -modela- las biograffas de sus sucesores
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G\l"f'n.,'10 II
hasta la aparici611 de Pachacuti, el noveno fnko en la mayoria de las vcrsioncs, quicn •remodela cl mu ndo•, convirticndose en un nuevo arquecipo para los incas finales. Pachacuci es prescntado tambicn por
las cr6n icas como «hijo de Manco Capac•, lo que lo hace •iguaJ a el»; por ello los incas posreriores a Pachacuti se referiran a este de la misma manera que los anrcriore< se rcfccian a Manco Capac.
La organfa.aci6n inicial del Cu.sco y la formaci6n del Tawantinsuyu
La versi6n general de las cr6nicas del siglo XVI y <lei XV) I suponc u na primera «dinasrfa• de «reyes• incas, la llaman de Urin Cusco; a panir
de Inca Roca habrlase producido un cambio que llev6 a la formaci6n de una nueva dinasrfa denominada Honon Cusco (vease el cuadro I).
La primera ha sido identilicada con el •Cusco bajo• y la segunda con el «Cusco alto», las dos miracles q ue dieron su nombre a las mencio nadas dinasrfas. Las cr6nicas informan que cada fnka daba origen, al subir al poder, a una panaqa, o grupo de parenresco constiruido por sus dcsccndicntcs y familiares. La version de dos d inasdas ~u~csivas a sido discurida por diver.;os especialistas, proponicndosc d istintas formas de organi1aci6n, paniendose en unos casos de una situaci6n
que losesrudiossobre los mracaso seiiores emicos and inos ha hecho evidence: rodos los curacazgos ruvieron una organizaci6n dual de la
auroridad que, a consecuencia de la invasion espaf1ola se transform6 en dos lfneas paralelas de descendencia al obligarse a los curacas a demosrrar que eran h ijos •legitimos• de sus predeeesores en el cargo, tamo para las parcialidades ha nan como para las urin.
La genealogfa de los incas quc transmitieron los cronisras dividida en dinastfas se encuentra en el cuadro J. Se ha propucsto ordcnarlos en formas distincas: a) teniendo en consideraci6n cl cambio quc las mismas cr6n icas relacan haber ocurrido en los ciempos atribuidos al
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fl ORl(tl-~ Ot lO\ l!\C.\..'i
l11kt1 Pachacuri, q uien aparece claramente como el iniciador de un
nuevo moment0 en la gencalogfa de los incas cusquciios, dando inicio a la gran expansion territorial del Tawantinsuyu, y es represenrado como un nuevo arquetipo que diseiiar/a el papel de los incas postcrio res a el, de iguaJ for ma a como Manco C-\pac hizo con Jos anceriores a Pachacuri. b) En forma de dinasrfas para.lelas, aprovechando la
informaci6n q ue aparece en algu nos casos en las cr6nicas mismas, y rambien ucili1.ando las nociones correspondientcs al dualismo en
la auroridad incaica, apreciablcs en los curacas andinos. De acucrdo a la informaci6n de algunos cron istas. el jcsuita Jose de Acosta por ejcmplo, se ha postulado una diarq11ia en lugu de una mo1111rquft1; CMa formulaci6n se rcprescnca en e l cuadro 2. Aunque esta (1ltima propucsta afccta m~s a la organi1.aci611 dcl podcr <lei Cusco incaico, no afcccaria lJS imagenes clasicamencc conocidas que ubican cl ciem
po atribuido al lnko Pachacuti como aquel en q uc se inici6 la gran expansi6n <lei 1awantinsuyu. Esta ultima propuesta sc encucncra actualmcnce en discusi6n, ya que su formulaci6n no incluye coda via un reprocesamienro de las versiones de las cr6nicas, aunquc si se susrenta en la negaci6n de una historia incaica cal como fue narrad.1 por aquellas. Sin duda alguna, esce sera durance mucho tiempo un inrercsanre y debatido asunro.
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CU,\ORO I
Hanon CuscoUrin Cusco Inca RocaManco Capac Yaguar GuacaSinchi Roca WiracochaUoque Yupanqui PachacuriMayta Capac Amaru Inca Yupanqui
Clpac Yupanqui Tup,c Inca Yupanqui
Guoyna C:ipac
Guascar
Atahualpa
CUADRO 2
Manco Capac
UrinHanan
Inca Roca Sinchi Roca
Yaguar Gu,ca 2 Capac Yupanqui
Viracocha 3 Lloquc Yupanqui
lnca Yupanqul
Pachacuti 4 Mayra C-lpac
Tupac Yupanqui 5 Tarco Guaman
Tupac Yupanqui II 6 Hijo dd anterior
Cuayna Capac 7 Tambo Mayta, Don Juan
Gu:iscar 8 Tambo Mayta, Don Juan
Fuente: Du\•iols 1980.
FJ ORJGF.t-. OF 1OS INCAS
Muy poco es lo quc se sabe de la o rgan izaci6n inicial del Cusco incaico, al margen debs historias que rclacan los cronistas; es visi ble quc cl relaro de las cr6nicas csca alrameme influenciado por las caracccrfscicas y cacegorfas q ue presidian la elaboraci6n de la h isco
ria en la Europa del siglo XVI, as/ como tambien es comprensible quc los croniscas utilizaran modelos de la liccratura hisc6rica de sus ciempos o comunes en sus dfas, de esta manera los Comemarios a las guerras de las Galias o a la Guerra Civil de Julio Cesar, los rdacos de Tucidides, etcetera, sirvieron de modclo licerario a muchas cr6nicas, y tambien ocurri6 lo propio con las h isrorias y anales medievales y renacenristas, ucilizados am pliamcnre como modclos. No pud ieron escapar los cronistas a la tenraci6n de craslad:ir la experiencia curope-J a las nuevas tierras que empezaban a descubrir; por cllo aparccen en las cr6nicas como hechos cierros muchos 16picos mfticos curopeos o antiguos mcditcrraneos.
De igual forma proyectaron los autores dcl siglo XVI los mons truos mitol6gicos que poblaban los I/mires del mundo en los cexcos clasicos y medievales, a la America q ue descubrian, y seiialaron en
esta los lugares que la mirologla clasica y la europea medieval consi deraban. El parafso bfblico fuc ubicado asf en America; tambien los reinos micicos de las amazonas -del nombrc de cuya rein a, Califia, procede el nombrc de la aclUaJ California, y de cuyo gcnerico nombrc se denomin6 al gran rio de la America de! Sur- . Asimisrno ocurri6 con los buscados rcinos dcl oro y las propias mi nas del rey Salom6n; discurieron los cron istas europeos si el Peru era el Ophir biblico, y muchos autoces sc preocuparon por averiguar si los habicames de
America eran descendientes de amiguos migrances medicerraneos. Nose ciene mocivos concrecos para precisar que el Cusco inmediaco
a la formaci6n y expansion del Tawanti nsuyu fucra muy difcrente a lo que eran los grupos c!micos de la primera miracl dcl siglo XV en los Andes dd sur dcl Peru. Dcbi6 funcionar alla un sistema de
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. .c·,cra el ·,cccso a muluplc, re• • d d olog,ca quc perm• · complemencane a ec . . , ' d .da de c,cc sistema sc:
. ( xphcac,on mas ecen• cursos agropecu~nos ~1na e ) La rcscnc1a decuatro recursos en los hallanl en el capitulo sigment~ · p . pticstO que la papa. la coca,
. enos as1 1o exp ica. 1 mitos de ongen cusqu . d . d'ference origen ecologico: el aji y el mai1. alli mcnc1ona os _uen~n , , papas. esras ultimas
. al Cusco eran ncos en ma12 y los valles vecinos . . . d d sen las cercanas zonas altas; la podian obtencrse en d1St_101as ~ane :a~le abajo del rio Urubamba y el coca se producia en las uerras aias, confluencia de
. , En bucna cucnta, csta a,·, en zonas ramb1cn cercanas. . d d'no-llam,,s
. d , da canndad de gana o an t recursos, ai\ad,da una mo eral · • del Cusco inicial.
do sustcntar a econom1a yaIpacas-. pu I . . .. debc rc,altarsc un momcnto
S . . I rclato de a., cron1cas. I t scgu,mos e . , d I Cusco· la gucrra contra os
. la gran expansion c · , quc es prcv10 a · . 6 . da al none dd Cusco, mas
6chancas. Estos habitaban la rcg1 n u ,ca d Ayacucho I les deparramenros e
alla del rio Apurimac, encrc os actua . , lo los chancas per· . C vio en cl primer cap11u ,
y Hua.ncaveltca. omo se . I· bicados emre los ticmpos al numeco de «cstados reg,ona cs• u . La
renecen . . Wari los correspondicntes al Tawanunsuyu. s del predom101~ de Y h .
0010 agucrridos guerrcros. pero
cr6nicas mcnc,onan a los c. ancas_ c d, los incas puesto quc las •o el'l awanumuvu c · •Isicmpre en re act n con . . '. n proccd,an ocncralmente
. . al quc lo, cronisra;, re~og1cro " 1rad1c1ones or, es los chanus casi ,,nica•
rno· por eso se conocc a dd Cusco y su cnto • . , C . 0 y de sus conuovcrsias con e d elac,on con e 1 use mente a trav s e su r on los dem:\s grupos cmicos andinos. los incas. lgual cosa ocurre cl I actos y conllictos cmre los
Hay dos versinnes que re a1an os com I . mpos de\ Inka L rimcra senala que en os ue
incas y los chancas. a P ' I ca Garcilaso de la Vega losIv,· h -aunque amores como e n \\, ,raqoc a . I • s de su predeccsor Yahuar Hua·
. o ocumdos en os ano. prec,san com A H araca yTomay Huaraca,
ndados por sro uhca-. los c ancas, com~ ka Wira ocha abandon6 la ciutlad. rcfu invadieron el Cusco. E In q . on su hijo y hcredero, giandose en el valle vecino de Yucay 1umo c
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EJ ORIC.f"l Ill l.O\ IN('.AS
Inca Urcon. L,s cr6n icas relarnn la violencia de la invasi6n chanca y dcsracan quc vencicron a los cjcrciros incaicos. Abandonada la ciu dad del Cusco por el Inka Wiraqocha, fuc ocupada por los chancas
viccoriosos, que la saquearon y desrruyeron. Pero Wiraqocha habia tenido 01ro hijo, \\amado Inca Yupanqui, que e.sraba •desterrado» dcl Cusco. Este ruvo una visi6n en la cual sc le aparcci6 el Sol y le orden6 que se constituyera en el Cusco y expulsara a los chancas. As, lo hiw Yupanqui, yen el Cusco las piedras se volvieron soldados para enfrencarse a los enemigos de los incas, venciendolos. Despues de derrotarlos, Yupanqui se dirigi6 en busca de su padre-Wiraqo cha-, quien rechazo el triunfo porno haber sido logrado por Urcon.
Este ultimo se enfrenco a Yupanqui y fue derrocado en medio de un conjunco de aconrecimient0s descriros en las cr6nicas como producro de intrigas palaciegas. Reconocido como !1Jka, y contando finalmente con el apoyo de su famoso padre, Yupanqui cambio su nombrc po rel de Pachacuci -cermino que ha sido genc!ricamencc traducido como 'el que renueva el mundo'-, y se dedica a reconscruir el Cusco y reformular su organi1.acion.
Una segunda y singular version la proporciona Pedro Gutierrez de Santa Clara, cronista muy conocido por sus escritos sobre las guerras ocurridas en el Peru entre los espai\oles despues de la invasion del siglo XVI. Sus cclebres Q11inquen11rios o His1ori11 de las Guemu Civi/es del Pmi Fucron cscritos hacia finales dd siglo XVl o inicios dcl XVII. La versi6n de esrc auror pane de un supucsco gcneralmcnte diforentc al de los demas cronistas sobre la historia <lei Cusco. Los incas se origi naron en el Iago Titicaca, pero no se instalaron en el Cusco si no en Hatun Colla, al noroeste <lei Iago. Relata dicho aucor la vida de los primeros incas de la lista cradicionalmeme conocida, quienes habrfan
iniciado sus conquistas desde Harun Colla. Durance el gobierno de Wiraqocha, «se alzaron conrra el-el /11/ta-dos hermanos llamados
Guaman Guara1.a, y Aucos Guara1.1, y viniendo contra el desde la
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UPITUlO II
provincia de An<laguaylas, de donde cran senores tomaron rierras del Inkn•. Aqui surge rambien Pachacuti, el menor de los hijos dcl Inka Wiraqocha, quien venci6 a los chancas.
Despues deello, Pachacuti sali6 de Harun Colla a conquisrar hacia el norrc, en&encindose con el curaca del Cusco, a quien seguia mucha genre. Pachacuti vencio, pero qued6 malherido y muri6; manrenida en secreco su muerre, sedijo queel Sol se lo habia llevado. En el rexro
del cronisra, Pachacuti muere en Urcos y no llega a ocupar el Cusco. Sin embargo, afirma Gutierre-,. de Sama Clara, hasca ese momenro •no sc llamaban los senorcs del Cusco, ni de los dem:is pueblos desras provincias, sino curacas, quc quierc decir solamente senor•, pcro como cl sucesor de Pachacuti -Tupa Inca Yupanqui- llcg6 a cnrrar finalmenre en el Cusco, dispuso que los que habfan Uegado
con el se llamasen incas. Hay una visible diferencia encre esras dos versiones. En la primera,
el lnka sale del Cusco a combarir a los chancas, en la segunda, el Inkn vence a los chancas y derrora despues al curaca del Cusco, ocupando en consecuencia la dud.id. Am bas versiones coinciden en sef1alar que los incas procedian del Iago Titicaca, puesro que la primera se origina en las versioncs, antes visras, de los miros de origcn cusquefios, y la scgunda lo confirma implfciramcntc. Ambas vcrsiones difiercn explici tamcntc en lo quc a la fundacion u ocupaci6n dcl Cusco se refierc.
No hay duda que la primera versi6n proccdc direcramcntc de la cradicion oral cusquena, recogida alli por los cronisras; la segunda, en cambio, puede f:icilmence idenrilicarse con una version de «fuera
del Cusco•. A ello podria atribuirse la visible discrepancia, aunque debe destacarse que las cr6nicas escritas por hombres andinos-como Felipe Guaman Poma de Ayala o Juan de Santa Cruz Pachacuti Yamqui Salcamaygua- no discmen la amigua idcnrificacion de los incas con el Cusco. de acuerdo con la lfnca general de las cron icas. Sin embargo, debe aiiadirse un problema capital: exisren graves y
El ORJGtN Of IO.!, INUS
fundadas dudas acerca de si Pedro Guricr realmenre en el Peru est d b' d rez de Santa Clara se hallo
• an o •en ocumenrada s . 1Mcxico, de donde era oriu d p d d' . u presenc,a en informaci6n peruana n o. u~d e ,scunrse la proccdencia de su
, aunqucesev, enreq I d , Peni estaba en cons ran re co . ., ue a gentc c Mexico y del
municac,,:m en aq II , de los quc salieron del p , . ue a epoca, y muchos
eru en 1os nempos de I . . los conquistadores d as guerras Ctv1les deISanra Clara- -tema e .que se ocupa en deralle Gutierrez de
pasaron por Mexico anres de ir Es • ninguna seguridad sobre la proced . d a pana. No hay, pucs,
. enc,a e la info ·6 d cron,sca y, aunque es sab'd I rmac, n e esre • 1 oque osauroresdel , .
unos a orros, nada auroriza a cnsar . a epoca se cop,aban los incas que ofrece GutierrM pd S quCeld rcsumen de la historia de
"'6,, e anta arasea u •,-ni menos • na versJon correcta ' , 01,ts corrccca quc otras-lo , . .
un,co quc puedc afirmarsc acerc d I . de Santa Clara . a c a vers,6n de Gutierrez
es que rec,entes estudios · relaro de la hist • d I . perm,tcn aseverar que su
oria e os,ncasesunahabilm d.fiI ., Otro cronista: Diego Fernandez IJ d J p O rnc,on del rexto de
, • ama o e alentmo q . bli una cronica en IS?I Ell al . . . . , u,en pu c6
0· e1a 1as pos1b1l1dad d G .de Sama Clara d' . es e que unerrez hismria inca.ica. pu ,era proporc,onar una version altcrnativa de la
Las conqujstas incaicas
Las cr6nicas arribuyen a I . . territorio que consriru,y6osrT:•ces,vo~ meas las conquisras del amplio . e awan11nsuyu Como . d' ,
normente, las conquistas d I . . . se m ,co an re- e Os pnmeros meas p d . .al ,
. I en restrrngirsearea vecina al Cusc ue 0 , a gran expan · ' · · ·
atribuidos a Pachacut' . . . s,on se in,c,6 en los momenros 1• cicn anos antes de la · ·,
Ios tiernpos posreriores a I . . , d I ,nvas,on espanola, en a mvas,on e os ch .1los cusqueiios sobre aquell ancas Y a v1croria de OS.
La primera zona de exp ·, ans,on parecc haber sido la region del Iago
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CAPflt'lO II
Ticicaca. Los croniscas rclacan como el lnk11 Pachacuci -algunos aucores diran que fue Wiraqocha- se ali6 con los lupaqa - uno de
los mas importances grupos emicos del area- para poder veneer al poderoso «reino• de Hacuncolla. Los cexros de los cronistas del siglo XVI, rcpccidos abundanccmence en ocros cexcos e.spanoles de] ciempo de la colonia, descacaron la imporcancia de esca conquisca, que coloc6 a los grupos de la regi6n del Iago Titicaca bajo la supremada incaica. Luego, los ejercicos incaicosse dirigieron hacia el norce, conquiscando,
segtin las cr6nicas, hasca la sierra cencral, en el actual deparcamenco de Junfn. Lis c r6nicas relacan asimismo que durance un cierco ciempo, los csfucnos conjuncos de Pachacuri y de Tupa Inca Yupanqui, su sucesor, permiticron la expansi6n de los domin ios del Tawantinsuyu por la cosrn y sierra hacia el none, hasca llcgar a la rcgi6n de Quito;
con posterioridad, Tupa Inca Yupanqui alcanzo a conquiscar por el sur hasca Tucuman y el cencro de Chile. lgualmence, las cr6nicas
arribuyen a Huayna Capac las conquiscas finales en la zona andina (una visi6n grafica de esras conquiscas, de acuerdo a lo relarado en las cr6nie,1s, puede verse en el mapa).
Pero no coda la informaci6n es uniforme en las cr6nicas, espe cialmencc si sc le com pulsa con las dcscripciones mas localizadas proporcionadas por importances conjuncos documenralcs, como las Relacio11es geogrdjic11S dr Jndim, las visitas y ocras rclacioncs que sc retieren a grupos ernicos en pMcicular. Podcmos obrcncr, cnronces, versiones diferences, no canco en lo que a la cendcncia o lrnca general
de las expediciones se refiere, sino relacivas a la progresiva ocupaci6n del cerricorio. Sohre esre asunco hay dos tipos de problemas: unos sc refieren a la noci6n de rerrirorial idad y, en consecuencia, escan relacionados con la ocupaci6n de] espacio; orros, tienen que ver con la sccucncia de las conquisras aprcciable en los propios relaros de las cr6nicas.
El primer problema esr:i analizado por la invcscigaci6n de los
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LOS CAMINOS INCAICOS CHILE :\ lll Pny111 j(.;l!ji;°'m~, )
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ARGENl'INA o 700 -'00 60> IOO 1@I L ESCAl.A '"'
CAP(T\JLO II
ultimas anos, y se ha logrado algunos aporces que pcrmicen encendcr mcjor la nocion del espacio. Desde luego, hubo en los Andes una vision simbolica de! espacio -la cual sera crarada en el capfculo
correspondiencc a la cosmovisi6n andina-, pero desde los ckmpos en que cscribian los croniscas predomino una imagen espac,_al que hablaba de un cerritorio polfcicamence o rganizado en •prov1nc1as» que correspondfan a los diferences grupos t'micos mencionados en las cronicas y, de hecho, escas consideraban las wnas de expans16n de los incas de acuerdo a las provincias que los mismos iban conquiscando. De esta manera, la Hnca general de las cron icas deja la impresi6n de
que dichas provincias ecan anreriores a la formaci6n dcl Tawanrinsuyu y que correspondfan a cada uno de los grupos ecnicos, igualm_encc preexistences como organizaciones policicas. Ello no parece c,eno en rodos los casos y, en ultimo exrremo, podda corresponder a una
divisi6n realitada durance cl Tawantinsuyu. En los estudios de los ulrimos anos se ha propuesto variances a csra
nocion de rerritorialidad, especialmente en las invesrigaciones de John V. Murra sobre gru pos emicos de la region del Iago Titicaca Y de la w na central del Peru actual (H uanuco). De ellas se dcsprende quc los hombres andinos ucilizaban el terrirorio no como unidades continuas, sino como un conjunro de ambitos ecol6gicamcnre difcrenres, en los cuales era posiblc la obtenci6n de diversos recursos. La poblaci6n de un solo grupo ecnico podfa cntonces escar distribuida en un espac10 muy amplio, compartido con ocros grupos emicos. Ello ocurre, por
ejemplo, en la region de! Iago T iticaca; es el caso de los lupaqa. Esros habitaban una regi6n nuclear al suroesre dcl Iago, pero con
rrolaban espacios ubicados a mucha distancia del nucleo mismo,_ ~n algunos de los cuales rcsidfa permanencemente pane de la poblac,on -en rcalidad pcquenos conjuntos de pobladorcs, como m1tmt1qku-
11a-, pero viajaban a ellos en forma peri6dica grupos mas numcrosos dcdicados a la sicmbra y cosecha -como mittn11i-, en momcntos
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fl ORJGJi.N OF LOS INCAS
decerminados del ano. Se configuraba de esta manera un territorio disconti~uo, do~de los lupaqa concrolaban wnas ecol6gicameme d1ferenc1adas y d1stantes a quince y veince dfas de camino a pie; Ios exrremos de cse ambito aparenremenrc desmcsurado se hallaban en
la costa del oceano Pacifico y en las zonas bajas sicuadas al esrc del alciplano Pcru-boliviano. Las zonas intermedias no esraban ocupadas por los lupaqa y las areas «perifericas• enunciadas podian serocupadas s1mulcanean1ente por ocros grupos ernicos; eran pues, mu lciemicas.
Orros grupos de la misma region de! Iago -y los alriplanicos en genera!- empleaban sisremas similares para cl control de multiples ecolog1as y el logro de una complemenraricdad quc asegurara la provisi6n de difercnces recursos.
Esrn forrna de cmpleo de! territorio no era privaciva de los pobla dorcs vccinos al Iago Titicaca, sino que la cnconrramos en otras zonas, por ejcmplo Huanuco, donde los chupaychu disponian asimismo de imbitos siruados a variable d istancia, si bien esta era mucho menor que la existence en el ambiro lacustre. Al pareccr, era gencralizado en
los Ai1des el control de recursos en discinras y no vecinas regiones, ecol6gicamenre difercnciadas, y esta noci6n colisiona necesariamcnre con la imagen de •provincias» o cerrirorios conrinuos y aislados, en los cuales cada grupo emico ejerda un contro l indiscucido.
Esra situaci6n era mas compleja aun al interior del :imbito nuclear de los propios grupos ernicos, como se ha hccho evidenre en cl caso citado de los lupaqa, pucs cada uno de los «pueblos» descritos en la documenraci6n hisp:inica del siglo XVI controlaba espacios variados, distribuidos en la misma wna nuclear yen los rerritorios que anres
paredan pertenecer a cada u no de los siere pueblos o «cabeceras• regisrradas en el area lupaqa. De la misma forma, puedc apreciarse que un ny/111 o grupo de parenresco podfa escar disrribuido en varios ambicos y, especialmemc, como una consecuencia de la invasi6n es panola, en difcrenres red11ccfo11,s-nombre que se dio a los pueblos
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<.APh l ll' ll
or!?niz.ados por los cspai\olcs pare rcdiscribuir a la poblaci6n andina,
bajo cricerios eu ropeos . . . . De cstc modo, cl ,crritorio de una umdad ctm~ no cstaba co_ns-
tituido por un cspacio continuo, ~ino por un con1unw de espac,~s,
ccologicameme delimitados, que podian hallanc a variada d1~canc1a.
El segundo problema mencionado sc rcfierc a la cronol~g,a ~c las
conquisras, la cual aparecc en las cr6n icas como una secucncia orgam_ca en cl relato mismo; pcro analizada c,ta con mayor dcrallc'. pcrm1cc
apreciar a algunos de los incas conquisiando 1.onas ameriormcntc
arribuidas a las conquisrasdc susamcccsorcs. lal cosa ocurrccon uno
de los ultimos incas, l luayna C:ipacquien, en algunas cr6nicas, ligura
conquist:mdo tierras muy cercanas al Cusco_ mismo. Ocur~e que las
cr6nicas parecen cransmitir cl relaco de un mual d_e conqu,sc_a. Revisando algunos cronisras -por ejemplo, C,cu de Leon, Sar
miento de Gamboa O Cabello Balboa- cs posible apreciar quc dcsde
Pachacuri las conquistas de los incas sc manilicstan siempre e~ una
scrie de cxpcdiciones que sc mueven en cl scmido de las agu1as de
un reloj, considerando que cada una de cllas sale del Cusco Y regresa
a cl. Ello sc adecua mas al rclato de un ritual de conqu,sca, quc no a
una hiscoria de las m,smas. Los cronistas dejaron nocicias acerca de
quc cada /11/ca hacia rtpmrmar la version de los hechos gloriosos de
su ameccsor, como p,irce de las ccremonias de su ascenso al poder.
De alli sc gencr6 una relaci6n cstrecha cntrc hisroria y rcprcscnca-
·6n explicada en muchos casos como un teatro; se ha mcncionado Cl , CSCC ' ta vigencia colonial y conremporJnca de rcprcsentacioncs meas
quc 1ransmi1en informaci6n sobre el pasado. Es muy posiblc, cntonces, que los croniscas recibicran d_c los
pobladorcs andinos los rclaros correspondicntcs a reprcscmac,~ncs
ritualcs y 110 hiscorias :ti uso occidental; ello exphca me1or por que las
vcrsioncs de las cr6rncas acerca de las conquistas mc:ucas preseman un
ordcn ~table y que, como ya indique, remiccn al movimienco de las
agujas de un reloj, pareciendo amplinrse con las sucesivas conquiMJs
y dando la imprcsi6n de un movim,cmo en cspiral. 1·110 sc asemeja
mas al relaro de 1111 ricu.d quc al de una scrie de expediciones de ,uccsivos gobernances.
Aunquc las cr6nicas preliercn dcs1acar IJs conquis1as como hechos
militarcs, nos informan a la ,·ez de mecinicas disri111,1s y no exclu•
yenres. Puede verse la expansi6n del lawaminsuyu como el csrablc
cimiemo de una scric de rclaciones de reciprocidad y rcdis1ribuci6n.
I .as cr6nicas relaran que la marcha de los cjercicos dcl /11/c11 era acom
pai\adJ de un numcro considerable de cargadorcs que llevaba11 ropa,
gc11eralmemc de lana, y mros r<-cUNh aprcciados, por ciemplo coc.i,
o 111111/11 -Spondyl11J, concha marina muy apreciada para ofrendJs
mualcs-. fa10s b,cncs eran dimibu,dos porcl l11k11 como uno de lo;,
pri mcros ac10s, que i ncluso reemplazaba el conflic10 con una •alianz.i•
cmrc un grupo cmico dcrermmado y el Tawanrinsuyu de los inca;,.
Esre •rcgalo• puedc ser asf enrcndido como una forma de iniciar una
relaci6n redisrriburiva, que no excluia, por cieno, la compulsion, y
pcrmitc enrender la subsccucnrc obligaci6n de los grupos ~micos, incorporados al Tawanunsuyu, de enrregar mano de obra en forma
peri6dica y por pl.uos limirado, -mwa-, que pcrmitia al 'Jawan tinsuyu, ., su vez, genera 1111 nucvo cxccdenre rcdisrribuible.
Es de,.de b 6pcica de relacioncs asi cs12blccid.1s que debe obscr•
varse la vida del Tawaminsuyu y su r.lpida expansi6n en los Andes,
y asi cs mis visible que la organi1.acion polirica incaica emplc6 viejas
mec:inicas de redisrribuci6n ampliamenre usadas dcsde mucho ricmpo
antes de los incas, lo cual favorecio su vcloz cxpansi6n. Muchas veccs rel,tran las cr6nicas y otros documenros los marrimonios rcali1.ados
enrre d l11/c11 y las hiias o hermanas de los curaca; andinos, asf como
rambicn los enlaces emrc los ultimo, y mujeres de la familia dcl
gobername cusqueno. Estc tipo de ali,111zas macrimoniruc~ se hallaba
emechJmentc vinculado con cl esrablccimicnro de la$ obligacioncs
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CAPl'TL'LO II
redprocas y, en consecuencia, rambien las redistributivas. Si los regalos, ameriormeme indicados, dan fe de! inicio de relaciones,
los marrimonios de esra lndole dejaban clarameme establecido un conjumo de relaciones que arciculaba la vida de! Tawaminsuyu de los incas, escabilizando las vinculaciones del Cusco con los grupos ecnicos.
Las paucas no fueron iguales en codas parces, y el Tawancinsuyu supo variar sus crirerios para adecuarse a las diferemes regiones y grupos ecnicos; sin embargo, primaron en codas parces las nociones rediscri bucivas que inclufan la encrega de mano de obra y la redisrribuci6n de dererminados bienes por el Cusco.
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